Un cambio de era. Lo que realmente significa el escándalo del examen de admisión de la UNAM
El uso de IA en el examen de admisión de la UNAM no es fraude, sino un síntoma de un cambio educativo profundo. Para comprenderlo debemos releer al psicólogo social Kurt Lewin.

El campus de la UNAM al sur de la CDMX. La universidad enfrenta un reto mayúsculo frente al avance de la IA.
Durante las últimas semanas hemos escuchado todo tipo de argumentos para tratar de explicar el porqué fracasó la aplicación masiva en la UNAM para su proceso de admisión 2026.
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Algunos echaron la culpa a la empresa contratada para aplicar el instrumento de ingreso a más de 158 mil aspirantes. Otros lo achacaron a la falta de ética de los alumnos. Aún otros grupo no menor insiste en que la simple aplicación de un examen va contra el mandato que tiene el Estado de ofrecer educación gratuita y que, por tanto, todos los sustentantes deben entrar a la UNAM.
En pocas palabras, todo mundo ha metido su cuchara en el tema, desde la presidenta Sheinbaum hasta el tío que ni estudio en ese lugar pero quiere dar su opinion en la comida familiar del fin de semana.
Todas estas visiones de un mismo hecho son perfectamente válidas. Ante un problema tan grande y tan complejo vale mucho escuchar cada una de estas perspectivas para evitar que se repita de nuevo.
Lo que no se ha escuchado en el debate público es tal vez lo más obvio y doloroso para algunos: quieran o no, la incursion de la Inteligencia Artificial en la educación superior mexicana ha causado grandes trastornos al acuerdo básico que operó en ella durante décadas, léase, el documento entregado o examen resuelto son evidencia de mi capacidad intelectual para resolver un problema.
El desastre del examen de nuevo ingreso que vivió la UNAM solo evidenció lo que cualquier docente pudo percatarse desde finales del 2022 y no es algo particularmente halagüeño. Tampoco es sorprendente o nuevo para los que estudiamos la historia de la tecnología.
Para entender este cambio macro-social es bastante útil abrevar de los grandes psicólogos sociales del siglo XX y hay pocos más útiles que el propio germano-estadounidense Kurt Lewin.
Lewin es considerado como el creador de esa disciplina o cuando menos uno de los pioneros al vincularla con los medios masivos.
Sin irnos demasiado lejos, uno de los principios más establecidos de la psicología social es que el comportamiento de la persona está altamente mediado por su entorno, así como sus propias características psicológicas.
La fórmula B = f(P, E) fue explicada por el teórico Kurt Lewin en la primera parte del siglo XX con su artículo “Die Kriegslandschaft" (1917) y después en “Field Theory and Experiment in Social Psychology: Concepts and Methods” (1939). El compendio definitivo del autor se tituló Field Theory in Social Science: Selected Theoretical Papers (1951).
La realidad inobjetable del caso es que el comportamiento de miles de sustentantes es perfectamente lógico con respecto a la realidad escolar que han vivido. De entrada, estamos hablando de un grupo de jóvenes que pasó una parte no menor de su educación secundaria detrás de la pantalla a causa de la pandemia Covid-19 y su preparatoria completa bajo la influencia de la IA para resolver problemas cognitivos.
No es un asunto moral o ético. Es simplemente su realidad.
Pero la teoría del campo de Lewin lo explica mucho mejor. Desde su punto de vista, el comportamiento humano no depende solo de la personalidad ni del entorno por separado, sino de la interacción dinámica entre ambos en un momento determinado. Las palabras clave son “interacción dinámica”.
Para hacerlo más claro: una examinación muy importante se le presenta a un sustentante en su PC. No es particularmente tramposo, pero tampoco es un santo. Sin embargo, utiliza naturalmente la IA, tal como lo ha hecho durante los últimos tres años, cuando menos, y su entorno natural es el mundo digital.
Para este persona la “interacción dinámica” de Lewin se presenta en el momento exacto en que se sienta a hacer el examen.
Esto quiere decir que su comportamiento es diferenciado con respecto al reto cognitivo que tiene enfrente. Para el examen de la UNAM, la respuesta es obvia: utilizar la IA, así como todo otro tipo de artefactos para alcanzar la mejor nota en una prueba que aparece por un momento específico de tiempo en la pantalla de su PC.
Regresando a Lewin, la persona y su entorno constituyen el “espacio vital” psicológico. Dentro de este espacio, la interdependencia establece que el sistema funciona como un campo de fuerzas interconectadas. Alterar un solo elemento, como cambio de ánimo interno o un ajuste en el entorno físico, reconfigura de inmediato las tensiones y percepciones de todo el sistema.
“Los enunciados básicos de una teoría del campo son que a) la conducta debe derivarse de la totalidad de hechos coexistentes; b) que estos hechos coexistentes tengan el carácter de un campo dinámico en tanto que el estado de cualquier parte del campo dependa de todas sus otras partes […] cualquier conducta o cualquier otro cambio en un campo psicológico depende solamente del campo psicológico en ese momento.” (1988, p. 37, p. 55).
El corolario es sencillo. Para modificar una conducta de manera efectiva no basta con exigir un cambio individual. Es preciso intervenir y reajustar las fuerzas del entorno que sostienen y moldean ese comportamiento. Es decir, tal como lo hizo la UNAM, pedirle a un grupo de más de 50 mil sustentantes hacer la prueba de nuevo.
Entorno, espacio vital y comportamiento de los sustentantes, como se observa, fueron completamente pasados por alto por las autoridades de la UNAM. En la era de la IA, se debe dar por hecho de que cualquier interacción que suceda en una pantalla debe ponerse en tela de juicio.
La declaración es un tanto extrema, pero cuando se habla del prestigio de una institución como la UNAM no puede darse por hecho que los comportamientos colectivos de un grupo particular (los sustentantes) estén alineados a la cosmovisión de esa institución. De nuevo, no porque los motivaciones del estudiantado sean moralmente cuestionables, sino porque su entorno y espacio de vida le han normalizado utilizar la IA para cualquier reto cognitivo que se le presente.
Este es el gran cambio de nuestra época que la mayor parte de las instituciones de educación superior no logran cuadrar. Apelan a la honestidad de los estudiantes cuando su realidad presenta, con un costo mínimo, la externalización de actividades mentales que antes requerían mucho esfuerzo.
Todas las compañías del sector tecnológico lo saben. En muy poco tiempo comenzarán a rentar sus algoritmos y servidores para que los usuarios procesen los datos de cualquier forma que deseen. Y ojo, esto no es un simple chatbot. Estamos hablando de cualquier tipo de dato estructurado o no disperso en cualquier formato con la intención de cumplir con la asignatura solicitada, por ejemplo, la edición compleja de un video de 38 minutos con archivos de video de cuatro o cinco fuentes y formatos distintos. El cambio va mucho más allá de las conocidas compañías de IA. Es algo que desborda a Silicon Valley, y al mismo tiempo, altamente disruptivo para todas las universidades del mundo.
Lo visto en la UNAM fue solo un reflejo del cambio de época que vivimos.
“El uso de IA en el examen de admisión de la UNAM no es fraude, sino un síntoma de un cambio educativo profundo. Para comprenderlo debemos releer al psicólogo social Kurt Lewin.”

